El Mulato. Wobble. Guajira Blues. (Richie Ray y Bobby Cruz)
En las siguientes líneas presentamos un análisis de la canción “El Mulato” de Ricardo Ray como un avance de estudios de cada una de las piezas del primer trabajo (denominado “Arrives”) de este artista del piano con su orquesta. Trabajo que fue más conocido con el nombre de “Comejen”.
Toda la canción está montada en la
estructura del Blues y el piano sustituye la guitarra del clásico ritmo afroamericano.
La letra de la canción tiene mucho de las angustias de la vida interior de todo
aquel que acude solo y sin pareja a una fiesta, en donde la aceptación no está
muy asegurada con anticipación.
“Voy
a ponerme mi traje de seda,
mis
zapatos ya voy a brilla’
voy
a coger mi sombrero de paja
y
pa’l pueblo me vo’a vacilá;
cuando
llegue el Mulato a la fiesta
todo
el mundo lo va a contemplá
y
la negra más linda que encuentre
te
aseguro la vo’a enamorá.
Dices
tu que el Mulato está viejo
y
que plante no sabe tirar,
pero,
aunque trates de criticarme,
verás
que el Mulato a la fiesta va a llegar.
Me
duele que no comprendas
que
si no salgo a paseá,
es
porque tu ya te sientes
incapaz
de vacilar.
Así
que, pues, ¡cierra ya la boca,
y
no diga una palabra más!
porque
aunque trates de criticarme,
verás
que el Mulato a la fiesta va a llegar”.
Notamos un despecho, una amargura… y
aun con eso el mulato intenta gozar a pesar de sus años, la soledad y el
rechazo de aquella que, según él, debía de acompañarlo. Podríamos hablar de un
vaivén psicológico entre el anhelo desesperado de gozar y múltiples obstáculos
reales o imaginarios.
La voz y el verso nos permiten una imágenes
semejantes a aquellas transmitidas por los compositores Ernesto y Margarita
Lecuona, por las expresiones del catalán Xavier Cugat, imágenes legadas en los
cantos de Mr. Babalú (Miguelito Valdés), escuchados por muchos de nosotros
posteriormente a la manera de Billo Frometa en sus primeros Mosaicos e insertadas en los trabajos de tantos
artistas inspirados en el sentimiento y en el orgullo de raza de la
afrocubanidad. Bobby Cruz y Richie Ray ubican al Mulato ya no en el añorado y
viejo solar de aquellas legendarias imágenes (la de Bambarito, de la Negra Leono’, de
Chacumbele, etc.), sino en el ambiente de las negritudes neoyorkinas con
las circunstancias del East Harlem, en el marco de un novedoso desenvolvimiento
de fusiones de sonoridades que introducían al escenario del oyente y del
bailador nuevas e impactantes opciones.
Se hace evidente la construcción de
una estructura ascendente considerando el acento rítmico que va evolucionando
en la pieza: inicialmente, después del dialogo entre Piano y Trompeta, surge el
contexto oral narrativo arriba enunciado que es explícitamente emotivo; posteriormente
un solo del piano de Richie con toda la dinámica del Blues y la Guajira cubana
que se manifiesta al mismo tiempo. El Blues está presente a través de toda la
melodía y no solo a través del piano sino aun con la voz de Bobby y la
expresividad de Ramón.
Por último encontramos un cierre hecho para el bailador en que el
montuno se monta con una alegre vehemencia basándose en los solos de trompeta
abiertos con el juego de percusión*. El cantante declara en su soneo que ese
bailador (tal vez mirado por muchos como un “viejo verde”), es el Mulato que
llegó gozando el Mambo y bailando el Twist.
*
Aquí el vocalista se une a la percusión, utilizando su fuerte vocalización para
percutir junto con la campana, conga y batería y añadir con su voz una clave
que marca la entrada de la trompeta. Ese desdoblamiento de B. Cruz, aquí de voz
a instrumento, lo vemos también en “Viva Richie” cuando en su relato deja de
ser el cantante y se convierte en el bailador desesperado por lanzarse a bailar
lo que la orquesta está ejecutando. Allí, en esa canción podemos notar tres
voces o emisores con tres distintos mensajes simultáneos, una es la voz de B.
Cruz dirigida a nosotros, para quienes se realiza la producción musical en toda
su extensión y nos convertimos en oyentes y/o bailadores de acuerdo a los
momentos; otra voz es la del bailador, presente allí donde la orquesta ha
comenzado a descargar, y que con su frenesí insta a sus acompañantes a seguirlo
cuando palpamos que la orquesta ya comenzó a actuar, y otra voz es la del
cantante en el mismo escenario frente al público y junto a su orquesta y que
está siendo observado por ese bailador contagiado por la música que suelta esa
orquesta.
Quedamos a la espera de sus comentarios.

Comentarios
Publicar un comentario